27 jul. 2013

Según J.I. Montoto, en Poemofilia

Si pinchas en este  blog de CRÍTICA LITERARIA podrás descubrir una reseña muy especial sobre mi libro. Lo firma José Ignacio Montoto. La copio también aquí:

"Cápsulas de amor en tiempos de Spotify" 

Enraíza el latido/ sofoca el instante/ olvida la sístole/ en este amanecer, así comienza el poemario de Silvia Gallego, con un poema a modo de prólogo en el que invita al lector a ser su contrincante en la lectura de sus versos y que finaliza (en este primer poema) con un Si poetizas mi piel, el Ritmo será nuestro. Un poema, éste, "El contrincante", que encierra gran parte de los secretos de este libro, hablamos de amor de ritmo y de una dicción que en muchos casos nos sumerge en el hip-hop, nos golpea con imágenes de un alto contenido erótico y nos invita a zambullirnos en el bolso que Silvia ha dejado abierto para deleite de sus lectores.

Gallego ha articulado su poemario, inteligentemente, en cinco partes claramente diferenciadas donde podemos observar distintos discursos. Así, en "Objetos", nos encontramos con una voz en primera persona que se desliza entre sus versos y que busca llamar la atención de su interlocutor. Atrévete a imaginarme, apela Silvia, misterízate conmigo o vomité hiel… Hay un doble fondo en todo lo que Silvia apunta.

A continuación, las tres partes centrales del libro, tituladas Emociones en MP8, Zip de Letras y Lecturas en el IPAD, nos muestran cómo conviven las nuevas tecnologías, el verso y la literatura en esta actual sociedad 2.0. Versos denotativos, juegos de palabras e ingeniosas construcciones, siempre bajo un lenguaje cuidado y evocador, salpican los poemas de estas secciones. Hay casos en los que incluso el lector puede agarrarse a dobles interpretaciones como se puede observar en los versos del siguiente poema:

@

Viviremos un tiempo sin espacio
                  palabras sin vocales
                  calles sin ciudades.

Si ves este @ en tu iphone
no contestes a mi pantalla.

[…]

Si cambiamos la @ por un ahora, el poema sigue sugiriendo la inmediatez del mensaje y ese guiño a twitter.


Aunque, probablemente, el poema que mejor condense el contenido del bolso de Silvia Gallego sea el poema "Sin cartón", uno de los grandes hallazgos de este poemario, perteneciente a la parte Lecturas en el IPAD.

SIN CARTÓN

En recovecos me escondo,
los poros señalan la entretela,
en este atajo del tiempo
siento la belleza del Ser.

Pies musicales en su forma,
manos como rayos de sol,
pelo vibrante en líneas,
ojos de neón luminoso.

Mi piel de musgo siente
las curvas tejidas del revés,
mi ombligo se acerca,
amapola de un día.

En la aureola permanece
ático de algún deseo,
bosque lunar más abajo
pendiente de su regreso.

Arcilla que me ocupa,
herencia de otras mujeres,
este ciclo de marejadas
para entregarme al goce.

Un delicioso poema articulado en cuatro estrofas donde la autora nos va desvelando el deseo, donde la ternura da paso al goce y la sensualidad se derrama bajo la femineidad de la herencia de otras mujeres. Todo un acierto.

Para finalizar, y antes de alcanzar el "Cierre de cremallera", que actúa a modo de epílogo, destacar la última parte del libro, Bloc de Notas. En esta parte, Gallego nos ofrece sus mejores píldoras, nos golpea en este sin-ruido, con marcados ritmos que invitan al lector a musicar sus poemas, de ahí la anterior referencia al mejor hip-hop, como puede comprobarse en la segunda parte del poema "Autocita".

II

Me mojas, me salpicas, me sostienes. Jugamos, bailamos, nos enraizamos. Te busco, te encuentro, te imagino. Me mojas, me salpicas… ¿Me sostienes?


Para finalizar, en su cierre de cremallera, Silvia nos advierte que… Entre jirones de palabras te sorprendo en sincronía, en la ternura que elegimos: como ahora, si me lees.
Toda una declaración de intenciones.

En definitiva, y a modo de cierre, nos encontramos ante un libro de gran frescura, en donde la sensualidad, el erotismo, la provocación y la sugerencia nos salpican como gotas de agua en nuestro rostro para saciar el calor del verso de Gallego. Como bien indica Luis Alberto de Cuenca en su prólogo, nos encontramos ante una auténtica delicia. Larga vida a la poesía amorosa.

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