28 mar. 2014

En "POETAS EN EL AIRE" de RADIO VALLECAS




PODCAST de grandes poetas

Sobre FERNANDO LÓPEZ GUISADO en Poemofilia

Os remito a un magnífico blog sobre reseñas de libros de poesía. Participé en octubre en POEMOFILIA. El poemario está publicado en Vitrubio en 2012. 

La letra perdida y sus universos.

Ofrece poemas que va desgranando,  sinsabores de tonos oscuros de un yo poético que se expresa entre lo coloquial y los códigos artísticos.

Emplea paralelismos desde el primer poema que aportan un ritmo muy marcado: “reconstruyéndose en cada futuro, / deconstruyéndose en cada sonido”. Cuida la estructura del poema con elementos que se repiten.

Provoca extrañamiento con sintagmas como: “brisa astuta”, “semanas fotocopiadas”, “café de plástico”… La enumeración y el juego con gerundio aparecen como marcas de un estilo propio, una voz distinta en el panorama.

Utiliza la mayúscula para destacar conceptos: “Verdad” –leit motiv del libro, junto a la esperanza o no y la rutina- , “Pregunta”, “Magia”, “Universo”. En ocasiones también la cursiva para destacar algunos versos o en la prosa poética que comienza así: “quiero confesar que soy una mala persona”.  

Funde en ocasiones la forma y el contenido, por ejemplo a través de la repetición de elementos para referirse a la lluvia o para enfatizar el sentimiento de culpa.

Emplea muchas metáforas plásticas: “martillo de la injusticia”, “iris del ayer”, “certezas sabor vainilla”, “la uña de este silencio”, “el cerebro hecho una esponja”, “cortinas bañadas en fracaso”, “latitud de los adoquines”. Algunas sorprenden por su condensación: “decir lunes es decir ausencia”.

El metalenguaje le sirve también como código: “es un punto y aparte, encabalgamiento confuso/ entre periódicos matutinos y series nocturnas”, “anáforas de rutinas”… Lo cotidiano se cuela en la expresión que muchas veces se dirige a un “tú” de forma renovada: “entre los minutos rojos ante el ordenador de empresa”, “engranaje subcutáneos de una máquina”. La atención a lo que deshumaniza también aparece de forma constante: “desapareceremos como reptiles,/ herrumbrosas maquinillas de afeitar desechables”, “rostro sin rostro de la empresa”…

Son muy frecuentes las expresiones vulgares o escatológicas como forma de protesta y rebeldía. Su estilo descarado nos acerca a una crítica corrosiva de lo que le rodea.  

Se suceden también elementos comunicativos que resultan muy expresivos por la ruptura de la frase hecha, por ejemplo en: “de cuando todo era promesa sin el cartel de Se traspasa sueño”, “ansiedad de bolsillo”.
                 
Predomina un estilo nominal y directo, casi conversacional en ocasiones: “todo es la celda, la espina, el borde de la libreta de ahorros”. Al final también abundan las interrogaciones.

Los principales campos semánticos son los referidos a la oscuridad, la muerte, el cerebro y los sentidos. Los colores también destacan: “azul hielo administrativo”, “mente azul”.

Se da un culturalismo bien disimulado, que a veces juega a deconstruirse de forma muy moderna: ecos bíblicos con símbolos que han pasado a la cultura popular, mitos (“es una sandía para Sísifo”), la presencia fundamental de la música, películas…Aparecen guiños a Bécquer o Kafka (“relato de Kafka en versión cañí”), la tecnología (“bajo mil nombres cibernéticos”), el mundo de los cuentos…

El poema que da título al poemario aparece como signo de pérdida de ilusiones, sinónimo de “lo que no pudo ser”, unos susurros como signo fugaz de la esperanza.

Un sujeto lírico muy presente que se expresa con una claridad apabullante en ocasiones: “por eso hago lo que hago,/ entre las páginas y las piernas de una mujer”, “soy un poeta y un esclavo”

Un mundo negro de hastío y desolación también aparece según avanza el poemario (“sosiego del que se sabe muerto”). En los últimos poemas se acentúa el grito y la referencia a lo externo que nos manipula: “antes de seguir siendo/ lo que quieren que seamos”. En el último poema retoma la primera persona de plural: “llevamos mucho tiempo sangrando/ por esas viejas ideas”.

Retoma con fuerza el título “meciéndonos en lo que fuimos:/ la letra perdida”. Repite los dos últimos versos del primer poema: “cogidos de la mano/ bajo los tilos”. Aparece entonces una luz de esperanza por la unión. 

A modo de breve epílogo aporta una reflexión filosófica sobre la la verdad, eco tal vez machadiano. Por último, un guiño  a modo de invitación. 


Su blog ( buenasnochesnuevaorleans.blogspot.com) para seguir atentos su poesía.





Sobre RICARDO GUADALUPE (Presentación Febr 10)

*Un texto especial en sus circunstancias, allá por febrero del 11 tras un fugaz encuentro con Gioconda Belli en el FIP (2009)... y de ahí unas FRASES EN EL MURO donde perderme siempre. 



LA COCINA LITERARIA DE RICARDO GUADALUPE

Palabras literarias es un libro sugerente, inquietante… sobre todo para los amantes de la Literatura. Nos hace ser más conscientes de la belleza que se logra con las palabras. Utilizando una metáfora, Ricardo Guadalupe se convierte en un magnífico “chef” que nos invita a entrar en su “cocina literaria” para explicarnos la naturaleza de los alimentos, la forma de mezclar, los “trucos”, los efectos…

Se centra en treinta y cuatro figuras retóricas, lo que en el instituto hemos oído también como recursos estilísticos. Tiene una estructura muy clara que nos ayuda a seguir el hilo conductor: explica el origen (con una etimología precisa y documentada), el uso en el habla cotidiana y en la literatura y, por último, hace una propuesta.

Los ejemplos son variadísimos, referidos a la Literatura Universal y a los tres géneros. Nos da una lección de Historia Literaria porque sitúa la composición en una estética y, en ocasiones, trae a colación curiosas anécdotas que se fijarán en nuestra memoria.

En cuanto a las propuestas, creo que son auténticos ejercicios de estilo. Un “entrenamiento” para el juego con las palabras. No sólo sirve para los que hemos probado las “delicias y extrañezas” de “elegir” palabras para crear historias y despertar sensaciones. Cualquier persona, fascinada por el lenguaje y admiradora de la obra de otros, puede seguir sus propuestas y divertirse. En ocasiones, consiste en rastrear esa figura en el periódico o en el habla coloquial, en otras atreverte a inventar un neologismo (como el que Ricardo propone: “litamor”) o una greguería (“el firmamento es un vestido negro de lunares”)

Otras que destaco por su novedad son: escribir cómo ve a su dueño una neurona que está en el cerebro de nuestro escritor favorito, imaginar el uso del nombre de grandes personajes aplicado a la lengua cotidiana, crear una historia con las palabras “beso” y “caja”, hacer un relato sin la letra “e”…

Ricardo da muestra de su amplia competencia lectora y su capacidad para elegir ejemplos adecuados; así como desarrollar los contenidos con una gran claridad expositiva. Además, da consejos prácticos: “utilizar hipónimos para concretar”, “el polisíndeton para dar un ritmo más solemne y lento”, “las hipérboles sirven para acercar al personaje”…

Me parece especialmente relevante que insista en los efectos que provocan las técnicas que explica. Como aparece en la cita inicial de Joubert (“Antes de emplear una palabra hermosa, hazle un sitio”), el lugar concreto en el que aparecen las palabras es fundamental, más allá de la resonancia histórica, literaria o personal que tenga. Así se consigue un efecto de extrañamiento y como señalaron los teóricos de principio de siglo una “desautomatización” de la percepción cotidiana. Se rompen las expectativas, un rasgo esencial del lenguaje literario.

Ricardo también aporta matices sutiles como la diferencia entre Heterónimo (con estilo y sentimientos propios)  y Alter ego. Recuerda los de Pessoa y Machado, que él mismo denominó apócrifos, es decir, imaginarios.

Considera que las greguerías hacen reír a las palabras. Advierte que Gómez de la Serna con su creación, que define como “metáfora + humorismo”, consigue un diccionario particular.

En la jitanjáfora recuerda la música de las palabras, sonidos que aunque no tengan un sentido lógico evocan una sugerencia. Tenemos el famoso capítulo 68 de Rayuela, con su lenguaje codificado a partir de aliteraciones, onomatopeyas…: “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios”. Como buen provocador, sugiere que utilicemos este método con algún fragmento. Propone esta jitanjáfora que juega con las terminaciones: “En verano, la literacida se lee hasta la anochetura”.

Por último, añadimos que el orden de aparición es alfabético, lo que nos ayuda mucho en su búsqueda. Me parece un gran logro que se ilustre con un brevísimo comentario iluminador, por ejemplo: “caligrama, las palabras dibujadas”, “acrósticos, los poemas sopa de letras”, “palíndromos, las palabras capicúas…”

           Lo realmente útil es la posibilidad de tener el libro en sus estanterías. Les invito a disfrutar con esta amena e interesante lectura.