28 mar. 2014

Sobre RICARDO GUADALUPE (Presentación Febr 10)

*Un texto especial en sus circunstancias, allá por febrero del 11 tras un fugaz encuentro con Gioconda Belli en el FIP (2009)... y de ahí unas FRASES EN EL MURO donde perderme siempre. 



LA COCINA LITERARIA DE RICARDO GUADALUPE

Palabras literarias es un libro sugerente, inquietante… sobre todo para los amantes de la Literatura. Nos hace ser más conscientes de la belleza que se logra con las palabras. Utilizando una metáfora, Ricardo Guadalupe se convierte en un magnífico “chef” que nos invita a entrar en su “cocina literaria” para explicarnos la naturaleza de los alimentos, la forma de mezclar, los “trucos”, los efectos…

Se centra en treinta y cuatro figuras retóricas, lo que en el instituto hemos oído también como recursos estilísticos. Tiene una estructura muy clara que nos ayuda a seguir el hilo conductor: explica el origen (con una etimología precisa y documentada), el uso en el habla cotidiana y en la literatura y, por último, hace una propuesta.

Los ejemplos son variadísimos, referidos a la Literatura Universal y a los tres géneros. Nos da una lección de Historia Literaria porque sitúa la composición en una estética y, en ocasiones, trae a colación curiosas anécdotas que se fijarán en nuestra memoria.

En cuanto a las propuestas, creo que son auténticos ejercicios de estilo. Un “entrenamiento” para el juego con las palabras. No sólo sirve para los que hemos probado las “delicias y extrañezas” de “elegir” palabras para crear historias y despertar sensaciones. Cualquier persona, fascinada por el lenguaje y admiradora de la obra de otros, puede seguir sus propuestas y divertirse. En ocasiones, consiste en rastrear esa figura en el periódico o en el habla coloquial, en otras atreverte a inventar un neologismo (como el que Ricardo propone: “litamor”) o una greguería (“el firmamento es un vestido negro de lunares”)

Otras que destaco por su novedad son: escribir cómo ve a su dueño una neurona que está en el cerebro de nuestro escritor favorito, imaginar el uso del nombre de grandes personajes aplicado a la lengua cotidiana, crear una historia con las palabras “beso” y “caja”, hacer un relato sin la letra “e”…

Ricardo da muestra de su amplia competencia lectora y su capacidad para elegir ejemplos adecuados; así como desarrollar los contenidos con una gran claridad expositiva. Además, da consejos prácticos: “utilizar hipónimos para concretar”, “el polisíndeton para dar un ritmo más solemne y lento”, “las hipérboles sirven para acercar al personaje”…

Me parece especialmente relevante que insista en los efectos que provocan las técnicas que explica. Como aparece en la cita inicial de Joubert (“Antes de emplear una palabra hermosa, hazle un sitio”), el lugar concreto en el que aparecen las palabras es fundamental, más allá de la resonancia histórica, literaria o personal que tenga. Así se consigue un efecto de extrañamiento y como señalaron los teóricos de principio de siglo una “desautomatización” de la percepción cotidiana. Se rompen las expectativas, un rasgo esencial del lenguaje literario.

Ricardo también aporta matices sutiles como la diferencia entre Heterónimo (con estilo y sentimientos propios)  y Alter ego. Recuerda los de Pessoa y Machado, que él mismo denominó apócrifos, es decir, imaginarios.

Considera que las greguerías hacen reír a las palabras. Advierte que Gómez de la Serna con su creación, que define como “metáfora + humorismo”, consigue un diccionario particular.

En la jitanjáfora recuerda la música de las palabras, sonidos que aunque no tengan un sentido lógico evocan una sugerencia. Tenemos el famoso capítulo 68 de Rayuela, con su lenguaje codificado a partir de aliteraciones, onomatopeyas…: “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios”. Como buen provocador, sugiere que utilicemos este método con algún fragmento. Propone esta jitanjáfora que juega con las terminaciones: “En verano, la literacida se lee hasta la anochetura”.

Por último, añadimos que el orden de aparición es alfabético, lo que nos ayuda mucho en su búsqueda. Me parece un gran logro que se ilustre con un brevísimo comentario iluminador, por ejemplo: “caligrama, las palabras dibujadas”, “acrósticos, los poemas sopa de letras”, “palíndromos, las palabras capicúas…”

           Lo realmente útil es la posibilidad de tener el libro en sus estanterías. Les invito a disfrutar con esta amena e interesante lectura.

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