31 mar. 2013

DOS POEMAS Y UNA CANCIÓN


Comparto un regalo que nos hizo Iona Gruia por facebook. Este poema tiene algo especial. Para quien no la conozca os paso un enlace a una reseña de Fernando Valls en su magnífico blog. Os dejo sus palabras: 


He descubierto un libro de poemas fabuloso, "Yo que tú. Manual de gramática y poesía" (Difusión, 2012), de Juan Vicente Piqueras. Ahí va un poema para enamorados declarados o secretos, un poema para saltar a los mejores abismos, un poema al que nadie podrá resistirse, un poema que llevo una hora declamando una y otra vez por la casa:

Yo que tú

Yo que tú me amaría, llamaría,
no perdería el tiempo, me diría que sí.

No dudaría más, escaparía.

Daría lo que tienes, lo que tengo,
por tener lo que das, lo que me dieras. 
Me soltaría el pelo, lloraría
de gozo, cantaría descalza, bailaría,
le pondría a febrero un sol de agosto,
moriría de gusto, no pondría
ningún pero a este amor, inventaría
nombres y verbos nuevos
, temblaría
de miedo ante la duda de que fuese
sólo un sueño, me iría
para siempre de ti, de allí, conmigo.
Yo que tú me amaría.
Me diría que sí, me faltaría
tiempo para correr hasta mis brazos,
o al menos, que sé yo, respondería
a mis mensajes, a mis tentativas
de saber qué es de ti, me llamaría, 
qué va a ser de nosotros, me daría
una señal de vida, yo que tú.





NO INÚTILMENTE                         

 La memoria y los signos, de José Ángel Valente

Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.

Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra
,
quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.

Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo.





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