4 may. 2013

Sobre López Sánchez "BOCETOS Y SONETOS" en Extramuros

             ¡¡Haciendo memoria y buceando en los archivos del ordenador...he encontrado mi primera reseña publicada en una revista de Granada!! Fue en Marzo del 2009 en la hermosa revista "Extramuros" que dirige Francisco Acuyo y Raquel Serrano y en la que que colabora ocasionalmente mi amiga Palma Amorós.








Bocetos y sonetos, un título dual para una pareja singular de poetas: José María López Sánchez, psiquiatra y J. M. López Medina, arquitecto (“no mucho” según él porque le gusta “levantarle la falda a las palabras”). Al estilo de los Moratín o los Dumas este padre le ha transmitido su pasión por la poesía y la ha hecho suya.

Además de las concomitancias que señalaremos, la igualdad de sus nombres puede provocar algunos equívocos, nos referiremos a su segundo apellido. Del conocido psiquiatra también reseñamos su Poesía secreta que sirve para conocer en profundidad su recorrido literario (presenta poemas escritos desde 1965 hasta 2007) y su perfil humano. Además, tenemos en cuenta sus importantes incursiones teatrales (escribió y dirigió), sus cuentos publicados en la prensa y recopilados en el 2000 con el libro Cuarenta y cinco historias de la parentela. En  2007 publicó Burlescos.

El título del citado libro procede de una dedicatoria de Rafael Guillén, le indicó que le habían dicho que era de la poesía secreta, porque tenía fama de “escribir para sepultar”. Además, en la sugerente portada aparece el siguiente subtítulo: Lírica contra la alexitimia.

En su “Evocación de poetas” quiere airear versos y datos biográficos desde la perspectiva de que la propia vida es la primera obra. Destaca cuatro poetas que le habitan desde su adolescencia y sintetiza su influencia con un término: Lope de Vega o la inspiración, Valle-Inclán o la musicalidad, Rubén Darío o la sonoridad, Pedro Salinas o la intimidad. Como otras lecturas “vivificadoras” –en palabras del autor-cita a: Garcilaso, San Juan de la Cruz, Unamuno, Machado, Borges, Benedetti, Neruda, Ángel González, Rafael Guillén…

Las páginas tituladas  “Orillando el pensamiento creador” contienen un subtítulo revelador: “Solicitando la poesía para el lenguaje y para la salud”.
En el prólogo Rosario Ruiz Castro defiende la soledad como condición indispensable para la expresión poética, el amor… Considera el poema de López Medina “la verbalización de una cadencia que mueve la acción”, en la que se perciben elementos de tensión y los propios de un escenario… Retoma la idea clásica de la palabra como música y la vida como hecho teatral. Además, en los siguientes epígrafes hace un estudio pormenorizado de su obra poética: “en busca de uno mismo” y “el tiempo y la memoria”.

            La organización del libro es cronológica y percibimos su evolución y las influencias de las que se nutre. Recoge en quince secciones sus poemas, hasta el 67 los titula, de ahí en adelante suelen aparecer los propios años de creación como hitos en el recorrido de su lectura. Indicamos los primeros: Homenaje, Primera Navidad, Aportación de fe e Itinerario a lo largo del nombre. Algunas constantes son: atención a lo más humano que nos constituye, preferencia por los detalles y las imágenes que ilustran gestos y comportamientos, elementos entrañables de su vida…Se ilustra lo anterior con algunos poemas de diferentes épocas: “migajas en los dedos”, “fresas salvajes”, “dios en el parque”, “reconozco la hierba en el camino”, “la tarde del jueves de enero”, “la cama fue una orquesta”, “tú y yo que lo hemos reído todo”…

            Su poética aparece al final y aporta unas claves interpretativas, entresacamos estos versos:

Fantasmal laberinto hecho de tiempo.
                Angelical hallazgo si lo alcanzo
                con el esfuerzo.

            Si nos acercamos a la lectura de Bocetos y sonetos descubriremos dos universos singulares, una voz asentada con la quietud que dan los años y las lecturas y otra atrevida y sugerente que disfruta con sus primeros pasos y descubrimientos. Los títulos que aparecen en el interior ilustran lo anterior: López Sánchez presenta Treinta sonetos y una lira (con su habitual insistencia en los números y con un elemento clásico para referirse a un gran contemporáneo, Ángel González), por su parte López Medina ofrece sus Bocetos interiores.

            Coincidiendo incluso en el número de poemas, el citado arquitecto ofrece otro paralelismo con su padre: dedica su última composición a Joaquín Sabina. Precisamente tiene un ritmo interno muy similar a algunas de sus canciones y ante todo un tono “descarado” que el lector ya percibe en otros momentos.

Si López Medina alude a la muerte del gran poeta y lo considera “ángel alado”, también califica a Sabina “culpable de todo esto”. Entresacamos estos versos del poema titulado “Catarsis” (un nuevo guiño al  Clasicismo en el molde con una temática renovadora):

                        Malditos sean los libros de sonetos
                        Que a uno le dio por frecuentar un día,
                        Maldita mi afición y sus decretos,
                        Maldita mi adicción al diccionario.

Resulta curioso que tome el tópico del cuerpo como edificio, relacionado también con su profesión y se refiere a la “puerta abierta”, “las cerraduras”, “el umbral de su regreso” o “los adarves” (López Sánchez aludirá por ejemplo a los “rincones” del cuerpo, los dos tienen un tinte erótico bastante marcado y sugerente) La adecuación de otros códigos al poético consigue un efecto muy acertado: propone una receta en la que hay que batir las palabras o una gimnasia del desprecio. Incluso conjuga elementos de otros países: el magnífico y sintético poema “Bona pettit” o “El sueño porteño mal gestionado”. 

Otro rasgo destacado consiste en el uso de términos propios de la Arquitectura como la recta, la asimetría… o de la Economía “tendré que inventariarte”. Además esta voz polifónica reproduce otro registro casi coloquial: “fila india”, “me caigo de un guindo”…

Por otra parte, los sonetos de López Sánchez continúan los rasgos que llamaban la atención al final de los textos que se recogían en Poesía secreta. Las sugerencias eróticas se marcan más, así como las creaciones léxicas (“poquedades”, “endudado”…) y las alegorías curiosas (su particular “Oficina de Asuntos Interiores” o el poema titulado “La fiesta de la baraja” con personajes como el Caballo en Carrera, Copas de Vino o Reina de Saba).

La gran influencia de la música resulta muy marcada (en poemas como “El jazz te nombra”, “Novena de Bethoven” o “El pianista”). El sentimiento de deuda y agradecimiento lo muestra en las variadas citas que introducen algunos poemas, desde Gioconda Belli a Félix Grande  pasando por Quevedo o San Juan; incluso uno de sus títulos resulta revelador: “Flaubert quería hacer una novela sobre nada”.

Las referencias metapoéticas son comunes en los dos poetas, el más joven lo modula así:     
                    
            Complacientes palabras calculadas
            Obedientes, que ocupan su lugar.

Padre e hijo, cada uno en su estética, combinan acertadamente elementos de la tradición y la vanguardia, siguiendo los ecos de los grandes del 27; en esta síntesis peculiar reside parte de su logro y gran belleza estética. Además, cuentan con un sentido del ritmo muy particular.
            La lectura de estos libros resulta deliciosa, permite disfrutar los versos cargados de sentido e ironía


Además una buena noticia desde entonces:


  
obra-ganadora_sustento.

Jose María López Medina gana un premio de poesía visual, se titula "Sustento".



No hay comentarios:

Publicar un comentario