19 ago. 2011

RECORDANDO los poemas de aquella NOCHE





Que te coma las hechuras del alma.
L. A. de Cuenca

Ojalá te colme mi aliento
nos encontremos en el ascensor
te sorprenda en sincronía.

La semifusa de tu orden
ocupe mi polisíndeton
en una marejada de palabras.

Nos acercamos en el semáforo,
en la simetría de la calle,
en los renglones de asfalto.

(Dedicado a R, siempre tan cerca)




**Perdida en el suburbio del sofá
escucho eco de conversaciones:
corazón con agujero negro
pensamiento que divaga entre gritos.

Cansada de todo y nada
arrastro los vaqueros por mi cuerpo,
ya no recuerdo tus manos,
y me enfundo un abrigo sin abrazo.

El ritmo de la calle se acompasa,
música gélida y pintura en agua
para darme de bruces en el escaparate
de tanto individuo y máquina.

Un reducto de tímido sol de atardecer
vence la desidia
y un paso de peatones
me acerca al magma de otro lado.

No quiero subirme al caos de indiferencia,
bajar a los escombros del pasado,
temblar en relámpagos ocultos:
me quedo en esta oquedad desnuda.





**En el zapping de emociones

vives el vértigo agitado,
instantes intensos
que no calan tu arena.

Sonrisa en el pintalabios,
mirada furtiva en el rimel,
tus caderas infinitas
bailan al son de los deseos.

Tacones afilados entre la prisa
y no paras ante el semáforo,
tu bolso caótico aparece
al final del paso de peatones.


Llegas tarde a la cita, como siempre,
taxicómana de besos, exclamas:
“Lléveme a él, c/ Perdida, nº 0,
me espera en su abrazo”.

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